Sacramentos

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Preparación y discernimiento de los Sacramentos

Normalmente los sacramentos deben ir precedidos de encuentros o catequesis dados por personas convenientemente preparadas. No deben ser presentadas tanto como una obligación o un trámite impuesto por la Iglesia, sino más bien como una gracia muy grande para renovar la fe, crecer en ella y realizar una especie de retiro espiritual antes de la recepción de los sacramentos.

Los fieles laicos que ayudan en estas catequesis presacramentales han de estar convenientemente preparados. No se ha de escatimar esfuerzos para lograr capacitar adecuadamente a los catequistas, pudiendo recurrir para esto al Instituto de Catequesis de Santiago u otro organismo aprobado por el Vicario de la zona. Además, se han de renovar cada año con cursos o jornadas, ya sea en el verano o durante el año. Deben acompañar esta formación con un excelente testimonio de vida cristiana y compromiso eclesial.

Nadie puede ser privado de los sacramentos, a no ser por alguna causa expresada por la autoridad competente. Por lo tanto, los ministros no pueden negar los sacramentos a quienes los pidan de modo oportuno, estén bien dispuestos y no se les sea prohibido por el derecho recibirlos. Los fieles deben sentirse pastoralmente acogidos en el Nombre del Señor, lo que ya es el inicio de una buena evangelización. Cada persona y cada caso requieren un trato adecuado y diferente. Esto facilitará el discernimiento necesario para realizar una preparación al sacramento adecuada al grado de evangelización de cada persona. (CDC 843,1, DPS 38)

Los catequistas y los sacerdotes se fijarán si hay motivaciones iniciales de religiosidad o de fe en quienes piden el sacramento. Tratarán de despertar y madurar esta fe inicial mediante la evangelización. (CDC 843,2, DPS 39)

Los fieles deben aceptar de buen grado la invitación a preparar comunitariamente la recepción de los sacramentos en la catequesis y vivencia cristiana previa. (DPS 40)

Los sacerdotes tomarán en cuenta las diferentes situaciones y circunstancias concretas de las personas, conjugando el respeto a las normas, con la flexibilidad propia del pastor, pensando siempre primero en la persona y en el don de Dios. (DPS 41)

Resolverán en favor de los fieles los problemas y situaciones particulares que no se ajustan a las disposiciones comunes, buscando de común acuerdo otros modos de preparación. (DPS 42-43).

En los casos de los fieles que realmente no puedan participar de la preparación establecida, se les deben ofrecer soluciones alternativas posibles. No se deben poner exigencias superiores a las capacidades de los fieles.

En los casos en que falta todo compromiso con Cristo y con la Iglesia, diferir (no negar) el sacramento hasta que se den las condiciones suficientes para dicho compromiso. Serían amonestados con caridad y comprenderán que esta demora pedagógica es para su mayor bien, tendrán la oportunidad de progresar en la fe y los sacerdotes buscarán formas de ayudarlos a progresar en el descubrimiento del Señor. (DPS 44)

 

 

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